Xochimilco:
El último espejo del Imperio
Xochimilco:
El último espejo del Imperio
Existe un rincón en el Valle de México donde el asfalto se rinde ante el agua y la ingeniería moderna parece un juego de niños frente a la sabiduría ancestral. Antes de que los edificios dominaran el horizonte, los xochimilcas ya habían descifrado el lenguaje de la naturaleza. No vieron en los pantanos un obstáculo sino un lienzo para crear las chinampas: islas artificiales que parecen flotar, pero que en realidad son un abrazo eterno entre el lodo, la materia orgánica y las raíces de los ahuejotes que las anclan al fondo del lago.
Esta maravilla de ingeniería prehispánica no solo es un paisaje hermoso, es un tesoro global. Por eso, el 11 de diciembre de 1987, la UNESCO declaró a Xochimilco como Patrimonio Cultural de la Humanidad debido a que es algo que se debe proteger, ya que es la última cápsula del tiempo que nos muestra el rostro de la Gran Tenochtitlán antes de la llegada de los españoles. Xochimilco es el rastro vivo de la identidad lacustre que definió a toda la cuenca de México que no solo incluye los pantanos, sino también el centro histórico de esta demarcación, sus 17 barrios antiguos y la icónica Parroquia de San Bernardino de Siena como muestra de convivencia mutua entre la arquitectura colonial como la infraestructura xochimilca.
Mientras las chinampas alimentaban a un imperio, los canales se llenaban de vida con embarcaciones que movían mercancías y sueños. Con el paso de los siglos, esa necesidad de transporte evolucionó en la "época de oro" de las trajineras, durante el Porfiriato estas barcas se vistieron de fiesta con techos para el sol y arcos de flores que llevaban nombres de mujeres, transformándose en el refugio predilecto para quienes buscaban escapar del bullicio de la creciente ciudad. Hacia la mitad del siglo pasado, Don Julián Santana Barrera encuentra el cuerpo de una niña ahogada y para protegerse de su espíritu, comenzó a colgar juguetes, así surge, en el silencio místico, la Isla de las muñecas…
Xochimilco no solo guarda historias humanas, en sus profundidades habita el mítico ajolote, el dios Xólotl que prefirió transformarse en anfibio antes que ser sacrificado, con su capacidad única de regeneración y su eterna apariencia juvenil, este pequeño ser es el guardián de un equilibrio frágil.
Navegar por estos canales es recordarnos que bajo la ciudad moderna siempre latirá un corazón de flores y barro que nos conecta con nuestra raíz más profunda.
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