CAMPUS CENTRAL DE CIUDAD UNIVERSITARIA:
Campo de lava, cuna de conocimiento
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Campo de lava, cuna de conocimiento
Hay lugares que se construyen sobre planos, pero la Ciudad Universitaria se levantó sobre el aliento frío de un volcán. Hace dos mil años, el Xitle reclamó el sur de la Ciudad de México con una lengua de fuego que se convirtió en el Pedregal, un mar de roca negra que parecía destinado al silencio hasta que en 1949 un grupo de visionarios decidió que de esa desolación nacería la luz del México moderno. Bajo la dirección magistral de los arquitectos Mario Pani y Enrique del Moral, junto al empuje del ingeniero Luis Bracamontes, se orquestó una ciudad dentro de otra, un oasis de piedra que desde el año 2007 es orgullosamente Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Caminar por CU es entender que el paisaje no fue domado, sino escuchado por mentes como las de Juan O'Gorman, quien no solo diseñó la Biblioteca Central, sino que la convirtió en el corazón de esta utopía. Lo más increíble es que sus muros no tienen pintura, están revestidos con millones de piedras de colores naturales que narran nuestra historia desde las raíces prehispánicas hasta la ciencia del futuro.
Es un libro de piedra que te observa mientras caminas hacia el Estadio Olímpico, donde Diego Rivera esculpió la unión de América Latina sobre un cráter de cultura, o hacia la Torre de Rectoría, donde David Alfaro Siqueiros plasmó que el conocimiento es el motor del pueblo.
Pero lo más fascinante es su pulso vital. Entre las grietas de la piedra volcánica, donde la vida parece imposible, florecen magueyes y corren tlacuaches bajo la sombra de los pirules en un equilibrio perfecto. Las Islas no son solo césped, son el espacio donde el estudio se vuelve convivencia y donde la historia de México ha encontrado su eco más transformador. Ciudad Universitaria es el recordatorio de que la educación pública es nuestra base más sólida, un espacio vivo donde el conocimiento brota, literalmente por eso, mientras el mundo siga girando, la Ciudad Universitaria seguirá ahí, firme como la lava, recordándonos que no importa cuán duro sea el suelo que pisamos, siempre habrá una mente brillante dispuesta a convertir el fuego en pensamiento y la piedra en libertad. Por mi raza hablará el espíritu, pero en CU, es la tierra misma la que cuenta nuestra historia.
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