Homeoffice
Homeoffice
Estos últimos días han estado tan calientes que en el transporte público ya no existe la hora pico: ahora se llama hora sauna premium.
Incluso ya se comenta la posibilidad de implementar un No Circula Turístico, no por contaminación, sino para no saturar vagones, autobuses, combis, trolebuses, cablebuses, taxis y cuanto vehículo tenga techo y gente adentro.
En el Metro CDMX el calor ha sido tan intenso que ya no sales… te expulsa en término medio, tres cuartos o bien cocido, según la estación en la que bajes.
En el microbús, en cambio, no sabes si vas al trabajo o a una freidora de aire. Pero si avanza el home office, surge una pregunta seria: ¿quién le dará el sabor y el calor humano a los visitantes?
Hay trabajos que no caben en una videollamada. Nadie puede pedir tres tacos al pastor por Zoom, ni suena igual un mariachi por YouTube.
La ciudad tiene identidad porque vive en la calle: taqueros, tamaleros, boleros, comerciantes, músicos y transportistas que forman parte del paisaje emocional de México.
¿Cómo suplir la experiencia de un autobús con luces neón y cumbia un viernes por la noche? ¿O la emoción de desayunar una guajolota antes de abordar el primer RTP?
Y luego están los taxistas, esa mezcla de guía turístico, analista político y consejero sentimental. Un buen taxista puede decirte dónde comer delicioso, qué ruta evitar, qué taquería ir y hasta contarte historias de que ni Google, ni ChatGPT puedes encontrar.
El visitante que llega a la Ciudad de México no solo viene por futbol y museos. Viene por la fiesta, por los colores, por los sabores, por el ruido, por el ritmo de la ciudad, donde el trayecto vale tanto como el destino.
El turista entiende pronto que esta ciudad también se recorre con el oído, con el antojo y con la paciencia.
La calle sigue produciendo identidad. México no solo trabaja: también se ríe en el trayecto.
Y como decía una amiga, con estos calores, ya no sabe si ponerse bloqueador… o sazonador.
También te puede interesar...