Hace un par de semanas recibió un reconocimiento a su trayectoria en la Cámara de Diputados de manos de la Dip. Mónica Fernández César y hoy en el marco del 8 de marzo abrimos un espacio para conversar con la Sra. Delia Pineda Coronado, quien tiene 55 años de experiencia alrededor de los taxis: “Yo empecé a trabajar en el Sitio 580 (Taxi Seguro en Centrales Camioneras y Bases Externas Sitio 580, A.C.) como empleada y me gustó mi trabajo. A los jefes les gustó como trabajaba y entonces trabajé, trabajé y trabajé y después de 20 años se presentó la oportunidad y me hice concesionaria junto con mi esposo y seguí trabajando y al cumplir como 50 años de trabajo, la representante anterior me dijo: "Yo me retiro. ¿Quieres hacer una planilla? Y que gane el que tenga más récord o más conocimiento”. 

Se hizo la votación conforme a la ley, se convocó la planilla y afortunadamente gané y desde hace cuatro años yo soy la representante del Sitio 580 en Centrales Camioneras.

¿Cuál es el reto al estar al frente de un sitio en Centrales Camioneras?

Queremos mejorarlo siempre y estamos trabajando en eso, desde recordarles a los compañeros que sean atentos con el usuario, que no haya maltrato con el mismo, que al final del recorrido deben indicar cuando se bajan de la unidad “Ya revisaron que lleven sus cosas completas”, porque si el pasajero olvida algo, entonces eso cuenta como puntos malos para ellos, además, solicitarles que anden limpios, sus carros en buen estado y eso es parte de nuestra labor aquí.

En estos momentos, a ¿cuántas personas está dirigiendo?

Tenemos 200. Somos uno de los sitios más pequeños, porque somos cuatro organizaciones en centrales camioneras y la de nosotros desde hace muchos años ha sido dirigida por una mujer. Mi exjefa estuvo trabajando 36 años como representante y aquí seguimos la línea de mujeres.

Delia, además debo mencionar y reconocer que a la par de estar en el sitio, usted sacó adelante a sus hijas con todo y título universitario cada una. 

Pudimos sacar adelante a las hijas con el apoyo de la familia. Cuando estaban chicas, ellas iban a la escuela, las recogían mis hermanos o mi hermana, les daban su comida del día y mientras yo trabajaba y estaba al pendiente. Es difícil, pero no imposible. Mis hijas fueron mis motores. Al principio corríamos a la guardería y mi esposo y yo y nos dividíamos, porque es un trabajo que me gusta. 

Después de esta trayectoria de más de medio siglo, ¿con qué satisfacción se queda?

Tomar decisiones que cambian lo pasado. Las decisiones las tomo en conjunto con mis hijas, porque ellas son las que traen nuevas ideas, ideas positivas… Sobresalir dentro de este gremio. Nos comentan, que en otro sitio hay mucho relajo y que aquí somos muy enérgicas, muy exigentes. orden que se debe de llevar. Les digo, somos unas centrales muy importantes, somos la puerta a toda la provincia. Entonces, si vienen, se llevan una mala impresión de nosotros, no nos ayuda a seguir creciendo.

¿Cómo ha vivido la evolución en estos 50 años? 

Han habido muchos cambios, empezando porque han pasado muchos jefes con otras ideas. Cuando llegó mi jefa, yo me sentí que se podía trabajar en conjunto. No sabíamos en ese momento de lo que íbamos a trabajar, ha pasado el tiempo y ella me dice: «yo aprendí aquí contigo», y yo sentía que no sabía mucho. Pero va uno trabajando diario, diario, diario y van llegando cosas positivas. Ella implementó darles camisas a los compañeros, esa línea se sigue y ahora nosotros aumentamos que a fin de año les demos una corbata y ellos la aceptan con una sonrisa, nos dicen: «Aquí sí valoran nuestro esfuerzo», reconocen que estamos pendientes de ellos.

Yo como usuaria destaco que el hecho de que porten uniforme, se les mira con respeto.

 Fíjese que sí, porque incluso las camisas antes no les poníamos el logotipo, ya tiene 4 años que mandamos a bordar todas las camisas con el escudo del sitio y la corbata. A mitad del año también damos chalecos, y se los ganan cuando la gente trabaja muy bien y completan el número de servicios requeridos, que también traen el logotipo del sitio; hay ocasiones que se los llevan 20, 30 personas que son los que están más comprometidos. 

En la actualidad, ¿dónde están las mujeres taxistas? ¿Cómo le gustaría ver a las mujeres taxistas en los próximos 20 años?

Primero, me gustaría que muchas se animaran porque realmente hay pocas mujeres taxistas aquí en centrales camioneras, yo nada más cuento con dos operadoras. Yo las admiro, porque si es un trabajo difícil para el hombre, para la mujer, es más, reconozco que hacen falta más mujeres porque muchas no se animan a agarrar un taxi. Quisiéramos ser mayoría o crecer el padrón con mujeres. Hay pocas mujeres en el transporte de centrales camioneras.

Esperemos que se animen más, que vean que es un trabajo muy noble al final del día.

Sí es muy noble, porque les da oportunidad que ellas organicen su tiempo y más si son señoras con niños.

Como dirigente, ¿a qué se ha enfrentado?

Aquí somos enérgicas porque si un operador comete faltas graves, queda expulsado. Tuvimos el caso de dos compañeros que se hicieron pasar por ‘galanes’ y acosaron a la usuaria. La usuaria se queja y con la pena, si son operadores, hablamos al propietario y le decimos en lo que incurrió el operador y que en esta organización no funciona y le damos los motivos que tenemos que parar el problema; hay quienes se molestan y quieren levantar actas y todo eso, pero aquí les damos la seguridad al usuario de que esa persona sale de terminales. Es un trabajo como todos al que debes tenerle cariño y respeto, por lo que no le deben de faltar el respeto a ninguna mujer. También hago hincapié en cada reunión que no se les pase recordar al pasajero que revise que lleve todas sus pertenencias. Aquí corremos con muchos peligros, porque no solo es llevar gente, también ha habido que en las maletas traen droga y cosas por el estilo, por eso es tan importante que revisen que no se quede nada en los autos.  

Antes de despedirnos, nos puede compartir una anécdota con el taxi como usuaria. 

Cuando mis hijas estaban pequeñas y no teníamos auto e íbamos de paseo o a las fiestas, tomábamos un taxi y ya que nos subíamos al taxi nos sentíamos protegidas”.