¿Eres Feliz?
¿Eres Feliz?
El Secreto de la Felicidad está en el tururu del Metro y en la cumbia del Micro de la CDMX. Un Análisis sobre el Ranking de Felicidad 2026 y un Transporte surrealista.
Son las 7:30 de la mañana, Gerardo se prepara para dos horas de trayecto para ir a su trabajo, estás en la avenida cerca de su casa, compitiendo por un espacio en la escalera del camión, digan hazaña de Spiderman.
Si le preguntan en ese preciso instante: "¿Eres feliz?", la respuesta esperada probablemente involucraría una serie de palabras que la abuela te prohibiría decir, sin embargo, contra toda lógica, la ciencia de la felicidad parece tener OTROS DATOS.
¿MÁS FELICES QUE LOS BELGAS?
Acaba de publicarse el Ranking 2026 de los Países Más Felices del Mundo, que evalúa a 147 naciones. Y agárrate, como en un enfrenón nivel 10, porque resulta que México ocupa el lugar número ¡doce! (Bueno, quizás ya el 11, porque Israel está en el 8 y las cosas están complicadas por allá).
Lo que es verdaderamente de locos es que, en este índice de pura alegría, estamos por encima de potencias mundiales como: Canadá (13), Australia (14), Estados Unidos (16), Bélgica (18), Reino Unido (19) y Austria (20).
Estamos hablando de países con un PIB per cápita, prestaciones sociales y salarios muchos mayores y transporte de primer mundo.
¿Qué tenemos que ellos no tienen? ¿Por qué un belga estadísticamente es menos feliz que un chilango que acaba de sobrevivir a un transbordo en Pantitlán? ¿Superar el laberinto de Chabacano? o ¿Hacer un Iron Man en el trasbordo de Atlalilco?
TE PREPARARON PARA ESTE MOMENTO
Quizá la respuesta no esté en el PIB, sino en nuestra educación emocional y motriz. Pensemos en nuestra infancia donde cada cicatriz en tus rodillas raspadas eran medallas de honor.
¿Jugaste "Sillas Musicales"? No estabas jugando, estabas en un entrenamiento de alto rendimiento para aprender parra “conseguir” un asiento vacío en el vagón del metro en plena hora pico.
¿Jugaste "Burro Castigado"? Felicidades, tienes la elasticidad, el equilibrio y la fuerza de núcleo necesarios para subirte y bajarte del Metro cuando está al 120% de su capacidad, a menudo sin tocar el suelo con ambos pies, eres un contorsionista urbano.
¿Jugaste "El Avión"? Ese inocente juego de saltar en cuadros te preparó para atravesar exitosamente el pasillo de un microbús mientras el chofer decide probar la fuerza centrípeta en cada curva y en cada enfrenada. Tu equilibrio es envidiable digno del Karate Kid.
LA FELICIDAD EN LOS "CAMINOS DE LA VIDA"
Pero no todo es lucha y tacleo. Hay una magia sutil y muy nuestra en estos trayectos que los fríos índices de la ONU no logran captar del todo.
Para el usuario, el transporte público es un oasis de micro-oportunidades para la felicidad:
El "Coyotito" Sagrado: La capacidad sobrehumana de echarse una pestaña de 15 minutos en la ventana del autobús, desafiando las leyes de la física y la columna vertebral, y despertar exactamente una parada antes de la tuya. Eso es felicidad.
El Amor Platónico: Enamorarse profundamente de una usuaria que ves en el asiento de al lado e imaginar toda una vida juntos, y luego ver cómo se baja para no volver a verla jamás. Romeo y Julieta condensado en 30 minutos, totalmente gratis.
La Adrenalina del "Rápidos y Furiosos" Versión Ruta XXX: No hay nada como la emoción de sentir cómo tu microbús va del primer al tercer carril, esquivando baches y otros autos, solo para detenerse en seco en tres metros para subir a un pasaje. Una montaña rusa de la vida real, pero sin el "ticket" de Six Flags.
Cierre de Viernes Perfect: Nada, y repito, NADA mejor que te toque el regreso a casa en un autobús con lámparas de neón azul y una cumbia de esas que hacen bailar hasta al "fresita" con audífonos de cancelación de ruido, quien, sin darse cuenta, lleva el ritmo con sus pies. Ahí, en ese momento, el estrés laboral se desaparece.
No olvidemos a los operadores, si les preguntas, te dirán que la felicidad es tener toda la ciudad de oficina, conocer todos los rincones y personas distintas cada día... guerreros modernos del volante.
Puedes sacar un chilango del transporte público, pero no puedes sacar del chilango el transporte público, literalmente una inyección de dopamina y adrenalina que ningún transporte belga podrá igualar.
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