Crónicas de un Héroe al Volante
LA DOBLE MORAL DEL PASAJERO
Crónicas de un Héroe al Volante
LA DOBLE MORAL DEL PASAJERO
Se solicita personal
Requisitos: Capacidad para manejar por 12 horas en congestionamiento, bajo un calor de 35°C o lluvias apocalípticas, vejiga de acero con resistencia de 6 horas, con sistema nervioso a prueba de mentadas de madre.
Prestaciones: El agradecimiento de pocas personas, no tener dos días iguales, conocer siempre alguien nuevo y el privilegio de escuchar cumbia y reguetón de 6:00 AM a 10:00 PM.
Pero no es fácil ser operador, ya sea que manejes microbús, vagoneta o taxi, encontrarás siempre un Dr. Jekyll y el Mr. Hyde entre los pasajeros.
El mismo usuario que sube exigiendo seguridad, prudencia y respeto absoluto al reglamento, es el que cinco minutos después está mirando el reloj con desesperación. En su mente, el chofer ya no es un profesional de seguridad vial y movilidad, sino un obstáculo entre él y su retardo. Ahí aparece su verdadero pensamiento :
-“Maneja con cuidado, chofer… pero tampoco seas tan cortés con todos.”-
-“¡Pásese el amarillo, todavía pasa!”-
LA VIDA DETRÁS DEL VOLANTE: NO TODO ES CUMBIA Y REGUETÓN
A veces se olvida que el hombre que maneja no es una extensión mecánica del camión, que tiene sus problemas y se cansa. El operador vive en un limbo laboral: sin prestaciones, sin horarios fijos y con una espalda y riñones que piden auxilio.
Mientras el pasajero se queja del calor, el chofer lleva horas sentado sobre un motor que emite un calor que le derrite sus pies.
Mientras el usuario piensa en qué va a comer llegando a casa, el chofer se resigna a su "vitamina T" (tacos, tortas y tamales) comprada en su base e ingerida en tres minutos porque "ya sale la siguiente vuelta".
El chofer es el único trabajador al que le exigen la pericia de un piloto de Fórmula 1, la paciencia de un monje tibetano y un Google Maps humano... todo por la misma tarifa.
EL FENÓMENO DE LA "ESCUDERÍA URBANA"
Cuando el usuario se sube al camión concesionado, su chip cambia, se vuelve parte del equipo de pits. No lo dice, pero su lenguaje corporal grita:
-“¡No dejes que nos rebase el otro micro!”-
-“¡Ciérrale el paso, que no nos gane el pasaje!”-
El autobús se transforma en una escudería donde el operador es el piloto y los pasajeros son equipo.
El operador vive atrapado entre la espada de trámites-tarifa y la pared del usuario, que se molesta si no le hace parada justo enfrente de su bajada o subida.
Un caso de ello es lo que padecen los compañeros del Aeropuerto, el cumplir con sus obligaciones administrativas y el no poder hacer viajes de regreso, incrementa sus costos operativos y no les permite ser competitivos con un servicio de aplicación, ahora se dice que Uber y las otras plataformas tendrán un espacio para recoger pasaje.
Si fuera equitativo, cada servicio de Uber, tendría que pagar unos $150 por cada vez.
La próxima vez que subas, recuerda que ese chofer probablemente no ha estirado las piernas en horas y que su "mala alimentación" no es un gusto, sino el resultado de un sistema que no le da tiempo de sentarse a la mesa.
El transporte público no es solo un camión o un taxi, es un contrato social donde el respeto, constancia y paciencia son su combustible principal.
Y sí, aceptémoslo: todos queremos que maneje con prudencia... ¡pero mañana, porque hoy ya se me hizo tarde!
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