¿Eres Feliz II?
¿Eres Feliz II?
La Universidad de Harvard contempló 6 características para medir ¿qué tan feliz eres? Los usuarios del transporte Público, ¿son felices?:
1. Optimismo: el arte de ver el vaso lleno, cuando ni vaso tienes.
Sentados en el camión, revisan su celular, son las 6:42, calculan con una precisión digna de la NASA, que si no hay más de 5 semáforos en alto y si el Metro no se retrasa, puede llegar a checar a las 7:00 en punto. Matemáticamente impecable. Físicamente imposible. Los optimistas del transporte no ven el vaso vacío, porque ya tienen una chela helada.
2. Resiliencia en el Transporte: la vida no es a qué hora te levantas, sino a qué hora te subes a la vagoneta.
Levantarse a las 5:30 de la mañana para hacer dos horas de ida y dos de regreso, encontrar el único milímetro cuadrado disponible, acomodar su cuerpo en un ángulo que viola varias leyes de la física, con una serenidad que los monjes budistas envidiarían, que no aprendieron en un retiro, sino en las mañanas y tardes de congestionamiento al ritmo de cumbia.
3. La procrastinación: el arte de esperar hasta el último segundo para bajarse. Mantenerse sentados hasta unos metros antes de la parada e imaginar que en hora pico pueden bajarse, atravesar por una pasillo lleno de personas y mochilas.
Llegar tarde es parte del folklor regional y los tiempos de entrega, se realizan minutos antes del mundial.
4. Vínculos humanos: Cercanía física mayor a la que tiene un matrimonio con 20 años.
Viajar en el transporte público espalda con espalda, hombro con hombro, axila con oreja, mochila con costilla ajena, es parte de la rutina, hasta agarrar partido en la discusión del celular. El contacto humano es genuino, involuntario, intenso y absolutamente inclasificable.
5. Gratitud: Enfocarse en lo que tienes, no en lo que falta. Agradecer al chofer por detenerse, aunque rompas las reglas físicas al estar dos objetos al mismo tiempo en el mismo espacio.
Agradecer que tu billete de 50 para pagar tu pasaje pasó por veinte manos antes de regresar con tu cambio.
Enfocarse en lo que se tiene y no en lo que falta es exactamente: no tienes asiento, pero tienes destino. No tienes espacio, pero tienes compañía. No tienes certeza de horario, pero tienes una historia que contar cuando llegues.
6. Ejercicio físico: Gimnasio gratuito incluido.
Los expertos recomiendan entre 30 y 60 minutos diarios de actividad física. El usuario promedio del transporte público los supera antes del mediodía.
El sprint matutino para alcanzar el camión, cardio de alta intensidad con motivación externa garantizada.
El press de mochila sostenido durante cuatro horas: entrenamiento de fuerza funcional sin necesidad de pesas ni instructor.
Agarrar el tubo y el celular, en postura parada de la Yoga aeróbico Vrikshasana, con paisaje urbano incluido. Y el equilibrio sin agarrarse mientras el chofer toma la curva: trabajo de core, propiocepción y confianza en el universo simultáneamente.
No hay membresía. No hay lista de espera. No hay instructor con audífonos gritándote que "esto es lo que te hace diferente." Solo el camión, la mochila y tú luchando por llegar a tiempo a tu destino.
Conclusión inevitable:
El transporte público no es solo un sistema de movilidad, es una amalgama adherente de la felicidad.
La diferencia entre el que sufre y el que florece en el camión es exactamente esa: uno va pensando en lo que le falta, el otro ya encontró su espacio de 30 centímetros cuadrados, puso el audífono y decidió que el día comenzó bien.
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