Rumbo a la Movilidad del Siglo XXI
El taxi ante la movilidad del siglo XXI: de la discusión a la transformación
Rumbo a la Movilidad del Siglo XXI
El taxi ante la movilidad del siglo XXI: de la discusión a la transformación
Gonzalo López Abonza
La movilidad de la Ciudad de México atraviesa un momento particularmente interesante.
En apenas unos días hemos sido testigos de tres acontecimientos que, vistos por separado, podrían parecer independientes, pero que juntos muestran que algo está cambiando en la conversación pública sobre el transporte.
Primero, la Primera Convención de Transporte y Movilidad de la Ciudad de México, donde transportistas, autoridades y legisladores discutimos los retos de la movilidad metropolitana y la necesidad de construir un nuevo sistema de transporte.
Después, los días 13 y 14 de agosto, la academia abrió un espacio específico para discutir el presente y futuro del taxi en la Ciudad de México, con la participación de la UPIICSA del Instituto Politécnico Nacional y de la Red Académica Mexicana por el Transporte Público, una comunidad que articula instituciones como el IPN, la UNAM, la UACM, la UAEM, el Tecnológico de Monterrey y el ITAM.
Y prácticamente al mismo tiempo, la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México realizó la Expo Feria del Transporte Público Individual (Taxi) 2026, donde concesionarios y operadores conocieron alternativas tecnológicas y de renovación vehicular, incluyendo opciones de bajas y cero emisiones.
Tres espacios distintos.
Un mismo tema.
El futuro del taxi.
Y quizá la pregunta más importante ya no sea si el taxi necesita transformarse. Eso está fuera de discusión. La pregunta es:
¿Cómo vamos a hacerlo?
Durante mucho tiempo, el taxi ha sido tratado como un asunto exclusivamente operativo: unidades, tarifas, concesiones, permisos y regulación. Pero el taxi es mucho más que eso. Es una pieza de la movilidad cotidiana de la ciudad. Es el último eslabón de muchos viajes. Es una alternativa cuando otros sistemas no llegan, no operan o resultan insuficientes. Y es también un servicio donde el factor humano continúa siendo fundamental.
La experiencia del conductor, el conocimiento del territorio y la relación con el usuario siguen teniendo un valor que ninguna aplicación puede sustituir completamente. Pero tampoco podemos ignorar la realidad.
El usuario cambió.
La tecnología cambió.
La forma de solicitar un viaje cambió.
La información cambió.
Y la movilidad del siglo XXI exige que el taxi también cambie.
El problema no es la tecnología; es llegar tarde a ella.
Durante el foro académico del 13 y 14 de agosto se discutió algo que debería preocuparnos seriamente: la tecnología aplicada al taxi no puede reducirse a una aplicación o a un GPS. Implica datos, algoritmos, seguimiento, infraestructura, inteligencia operativa, capacitación y nuevas formas de tomar decisiones.
La Red Académica Mexicana por el Transporte Público plantea precisamente la necesidad de generar investigación aplicada, capacidades y soluciones que fortalezcan el transporte público. Entonces surge una pregunta inevitable:
Si tenemos conocimiento, instituciones académicas, tecnología y un sector dispuesto a transformarse, ¿por qué no construir una herramienta propia para el taxi concesionado?
UNA PLATAFORMA METROPOLITANA PARA EL TAXI
Desde nuestra perspectiva, ha llegado el momento de plantear una propuesta concreta: Crear una Plataforma Metropolitana del Taxi Concesionado para la Ciudad de México y el Estado de México, con la visión de convertirla posteriormente en una Plataforma Nacional. No se trata simplemente de crear otra aplicación. Se trata de construir una herramienta de política pública.
Una plataforma que permita identificar unidades y operadores; facilitar la contratación del servicio; incorporar mecanismos de seguridad; generar información para conocer la demanda; optimizar recorridos; facilitar pagos digitales; mejorar la experiencia del usuario y, al mismo tiempo, ofrecer al transportista herramientas para operar mejor.
Una plataforma que genere datos útiles para planear la movilidad. Porque el taxi produce diariamente una enorme cantidad de información que hoy permanece dispersa.
¿Dónde se solicitan más viajes?
¿En qué horarios?
¿Dónde existen zonas sin cobertura suficiente?
¿Cuáles son los recorridos más frecuentes?
¿Qué sucede cuando falla el Metro?
¿Qué zonas requieren transporte de proximidad?
Convertir esa información en conocimiento puede cambiar la manera en que planeamos la movilidad. Pero la tecnología no debiera avanzar más rápido que la ley. Hay otro problema que no podemos seguir posponiendo. Las plataformas digitales transformaron la manera de solicitar y prestar servicios de transporte, pero el marco jurídico no siempre evolucionó al mismo ritmo. Hoy tenemos un escenario en el que conviven modelos de prestación distintos, reglas diferentes y realidades tecnológicas que no siempre encuentran una correspondencia clara en la legislación.
Por eso, cualquier proyecto de modernización debe ir acompañado de una revisión profunda del marco jurídico. La ley debe ofrecer certeza: Al usuario, al concesionario, al operador, y también a quienes desarrollan nuevas tecnologías. No se trata de regular para impedir la innovación. Pero tampoco de permitir que la innovación avance dejando atrás al Estado y a quienes durante décadas han prestado un servicio público. NECESITAMOS REGLAS CLARAS Y PAREJAS PARA TODOS.
“POR EL BIEN DE TODOS, PRIMERO LOS TAXIS”
Durante la Convención hubo una frase que se repitió y que también fue expresada por el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar:
“Por el bien de todos, primero los taxis.”
Podemos verla como una consigna.
Pero también podemos convertirla en una política pública. Poner primero a los taxis significa modernizarlos. Significa darle acceso a tecnología. Significa facilitar su renovación. Significa mejorar sus condiciones de operación. Significa fortalecer la seguridad. Significa profesionalizar el servicio. Y significa reconocer que el taxi concesionado puede ser parte de la solución tecnológica de la movilidad y no un problema que simplemente deba regularse.
Una propuesta para las mujeres que hoy tienen en sus manos el futuro de la movilidad, hoy tenemos reunidos, en distintos espacios, prácticamente todos los elementos necesarios para dar un siguiente paso: académicos que investigan y generan conocimiento; autoridades que tienen la responsabilidad de regular; legisladores que pueden construir el marco jurídico; organizaciones de transportistas que conocen la realidad cotidiana del servicio; y, sobre todo, millones de usuarios que demandan un taxi más seguro, moderno, accesible y eficiente.
Por eso, desde este espacio queremos hacer un llamado respetuoso
A la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
A la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina.
Y a la Gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez.
Tres mujeres que hoy tienen una responsabilidad fundamental en la construcción del futuro de la movilidad de nuestra región y de nuestro país.
¿Por qué no aprovechar este momento para convocar a la academia, a las autoridades, al Poder Legislativo y al propio sector transportista a construir juntos la Plataforma Nacional del Taxi Concesionado, comenzando con un proyecto piloto en la Zona Metropolitana del Valle de México?
No estamos planteando solamente una aplicación, estamos proponiendo construir una herramienta de política pública que permita modernizar un servicio que millones de mexicanos utilizan todos los días; incorporar tecnología y datos; fortalecer la seguridad; mejorar la experiencia del usuario; generar mejores condiciones para el operador y avanzar hacia un modelo de transporte más eficiente y competitivo.
La experiencia reciente demuestra que la discusión ya está madura. La Convención puso sobre la mesa la necesidad de una nueva visión metropolitana. La academia está estudiando los retos y las oportunidades del taxi. Las autoridades están impulsando procesos de renovación y sustentabilidad. Y el sector está dispuesto a participar en la transformación. Lo que falta es dar el siguiente paso y sentarnos a construir la herramienta. Podríamos comenzar en la Ciudad de México y el Estado de México, medir resultados, corregir lo necesario y, si funciona, llevar el modelo a otras entidades del país. Sería una forma concreta de demostrar que la innovación puede servir para cerrar brechas, fortalecer al transporte público y poner la tecnología al servicio de las personas. Porque si realmente queremos construir la movilidad del siglo XXI, no podemos dejar atrás a quienes durante décadas han movido nuestras ciudades. El taxi no debe ser el último en llegar a la transformación. Debe ser uno de sus protagonistas. Y quizá ha llegado el momento de convertir aquella frase que escuchamos repetidamente durante la Convención en una verdadera política pública:
“Por el bien de todos, primero los taxis.”
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